ECONOMÍA

CRISIS DE GAS EN LA ARGENTINA.

Por qué la Argentina volvió a chocar con la escasez del combustible clave de su matriz energética.

Los recientes y aún no del todo superados faltantes de gas, que llevaron al corte de provisión del fluido a millones de taxistas y automovilistas usuarios de Gas Natural Comprimido (GNC), a empresas con contratos “interrumpibles” e incluso a algunas con contratos “semifirmes” o “firmes” y en diferentes partes del país, volvieron a exponer la paradoja de escasez de gas en un país supuestamente “gasífero”.

La paradoja es aún mayor si se tiene en cuenta que, según datos de la Secretaría de Energía de la Nación, la producción doméstica de gas del primer cuatrimestre del año fue la más alta de los últimos quince años, gentileza de la cuenca neuquina, que aportó dos tercios del total. Ocurre que la Argentina detenta en Vaca Muerta, que tiene la mayor parte de su osamenta en Neuquén, la segunda reserva mundial de gas “no convencional” y ya en los ‘70, con el descubrimiento del yacimiento Loma la Lata (también en Neuquén) y, en los ‘80, con obras como los Gasoductos Centro-Oeste, Neuba 2 y la repotenciación del gasoducto del Norte, se afirmó como “país gasífero”, lo que le permitió no solo autoabastecerse y exportar, sino también hacer pivotear su matriz energética, antes basada en el carbón y el petróleo, sobre el gas.

Lo que sucedió en mayo, dice Alejandro Einstoss, coordinador del Observatorio de Tarifas y Subsidios UBA-Conicet y economista del Instituto Argentino de Energía (IAE) General Mosconi, “no fue frío, fue impericia”.

No fue frío, fue impericia (Einstoss)

El gas, enfatizó, explica más del 50% de la energía que se consume a diario y 55% de la energía eléctrica local proviene de usinas que consumen gas natural. Más aún, precisó, “Argentina es uno de los países con mayor inserción del gas en su matriz energética, el 61% de las familias tienen acceso a gas de red, contra apenas 4% en Brasil o Uruguay, y más de 2 millones de vehículos funcionan a GNC”.

Por lo tanto, subrayó Einstoss, la seguridad de abastecimiento de gas “es clave” y el precio “es decisivo”. Los acontecimientos de esta semana, señaló, mostraron “una combinación de coyuntura climática e impericia”, pues se sabe que en mayo comienzan el frío y las compras de gas.

Es cierto, concedió, que las temperaturas estuvieron por debajo de la media histórica, pero también lo es que Bolivia, un proveedor histórico, había dicho ya en febrero que no podría seguir enviando los volúmenes comprometidos. “El gobierno -apuntó el especialista- sabía que en lugar de recibir los 12/14 millones de m3/días previstos, solo recibiría 5 millones de m3/día (Mm3/día), y con suerte.

Ese y otros faltantes debían suplirse importando Gas Natural Licuado (GNL) en buques metaneros. “Por eso no es entendible que si en mayo de 2022 y 2023 se importaron 7 buques que inyectaron en promedio 12 Mm3/día, en mayo de 2024 se contrataron sólo 3, que inyectaron en promedio 5Mm3/día. Es decir, las importaciones fueron un tercio de los últimos dos años en el mismo mes”, remachó Einstoss.

Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral y presidente de la consultora Hub Energy, enfatizó más la excepcionalidad climática. El de 2024, dijo a Infobae, fue el mayo de temperatura más baja desde 1986, superando incluso los fríos del invierno de 2007, año en que en julio nevó en CABA y en Córdoba.

La temperatura promedio en todo el país, precisó, citando datos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) fue de 2,46 grados bajo cero, superando los 2,31 grados bajo cero de 2007. Otro aspecto, dijo, es que “hubo muchos días fríos seguidos, lo cual elevó mucho el consumo residencial, que de 50 Mm3/d para un mayo normal, llegó a 80 Mm3/día, un salto enorme”.

Hubo muchos días fríos seguidos, lo cual elevó mucho el consumo residencial, que de 50 Mm3/d para un mayo normal, llegó a 80 Mm3/día, un salto enorme (Carnicer)

Carnicer destacó además que como la gente aún no había sido impactada por el aumento de las tarifas de abril (las facturas empezaron a llegar en los últimos días) tampoco hubo morigeración de consumo, en particular del sector N1, el de usuarios de más altos ingresos, que paga precio pleno, sin subsidios. Por ahora, dijo el experto, “primó el confort y hubo poco cuidado en el consumo”. Además, recordó, los problemas en dos plantas compresoras de TGN restaron 2 Mm3/día de oferta doméstica de gas.

El argumento de la excepcionalidad climática queda en parte relativizado por una advertencia que había hecho la consultora G&G, de Daniel Gerold, uno de los especialistas en energía más respetados de la Argentina que en su “Informe del Mercado Energético Argentino” del 3 al 9 de mayo había adelantado: “se esperan temperaturas inferiores a la media las próximas dos semanas en gran parte del país” y advertido que a la vez se verificaba “el menor nivel de importaciones de gas y GNL desde 2009″.

El kirchnerismo salió rápidamente a la ofensiva en el cruce de acusaciones, siguiendo una línea trazada por Cristina Fernández de Kirchner (CFK) en su discurso del 27 de abril en Quilmes y, tras la emergencia de la crisis de gas, un largo posteo en la red X sobre el tema energético.

El ex presidente de Enarsa, Agustín Gerez, cercano a Máximo Kirchner, apuntó directamente al gobierno y al secretario de Energía, Eduardo Rodríguez Chirillo, señalando que el corte de la obra pública en aras del superávit fiscal derivó en retrasos que costarán USD 600 millones en importación de energía.

“Si Rodríguez Chirillo sabía que las obras no estarían a tiempo (para aumentar la capacidad de transporte del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner, GPNK, de 11 a 22 Mm3/día)”, dijo el abogado santacruceño, “podría haber incorporado el buque regasificador de Bahía Blanca para que el sistema no perdiera presión o importar más GNL a tiempo para fortalecer el anillo Buenos Aires, Rosario y Córdoba que es donde hay más consumo”.

Además, afirmó que el gobierno anterior dejó las obras de las compresoras de Tratayén y Salliqueló (puntos extremos del primer tramo del GPNK, inaugurado en julio de 2023) a un 62% de avance y que el actual se retrasó también en la obra de “reversión del Gasoducto Norte”, clave para abastecer a 7 provincias del centro y norte argentino: Córdoba, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Salta y Jujuy.

Sin embargo, un asistente a un encuentro que en la primera mitad de 2023 Gerez tuvo con Acigra, la Asociación de Consumidores Industriales de Gas (que cuenta entre sus asociados a empresas como Acindar, Bunge, Arcor, Cargill, Molinos, Profertil y Unilever) y que prefirió no dar su nombre, recordó que en aquella reunión el entonces titular de Enarsa aseguró que el primer tramo del GPNK (originalmente programado para inaugurarse el 20 de junio), estaría completo en julio y que las obras de las dos compresoras estaría terminada antes de fin de ese año.

La reversión del Gasoducto Norte registró un importante avance con la soldadura en línea regular de los tramos 2 y 3, los primeros 100 kilómetros del Gasoducto de Integración Federal -sobre un total de 122 km- (Enarsa)

En cuanto a la “reversión del Gasoducto del Norte” (de modo que transporte gas del sur hacia el norte, y no al revés), el martes pasado la actual conducción de Enarsa informó que esa obra recién estaría lista para agosto ... de 2024.

La “reversión” -precisó en un comunicado la entidad- registró avances recientes con la soldadura en línea regular de los tramos 2 y 3, los primeros 100 kilómetros del llamado “Gasoducto de Integración Federal” -sobre un total de 122 km- que se extiende de Tío Pujio a La Carlota, en Córdoba, vinculando los Gasoductos Centro-Oeste y Norte.

Enarsa explicó que para acortar los tiempos de obra se usó un sistema de soldadura automática (el mismo aplicado en el GPNK) y que ya se realizaron 4.059 soldaduras en 41 días, con récords de hasta 151 soldaduras (unos 3 kilómetros) por día”. Además, dijo la empresa, “la obra avanza con la construcción de los restantes 22 km del Gasoducto, 62 kilómetros de loops al Gasoducto Norte a la altura de Ferreyra y la Ciudad de Córdoba y el cambio de sentido de 4 plantas compresoras, con fecha de finalización de las obras prevista para fin de agosto”.

Así las cosas, la provisión de gas para las siete provincias del centro y norte durante la mayor parte del invierno deberá suplirse de alguna forma hasta ahora inédita, como podría ser GNL regasificado en la terminal chilena de Mejillones y enviado por gasoducto a la Argentina, posibilidad que mencionó Carnicer.

Es improbable que haya suficiente provisión de gas de Bolivia, sobre cuya oferta Infobae ya había advertido las serias dudas que existían en julio de 2023, cuando la entonces secretaria de Energía, Flavia Royón, explicitó en una resolución el “alto riesgo de desabastecimiento de gas natural y de energía eléctrica a los usuarios del centro y norte” en 2024, debido al cese del aporte boliviano. Pero pese a contar con USD 540 millones del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), el gobierno de los Fernández, aunque amagó varias veces con licitar la obra, nunca la inició.

Rodríguez Chirillo replicó el último viernes, en una entrevista radial, que -lejos de las afirmaciones de Gerez-, el gobierno anterior no completó el GPNK y que el actual nunca detuvo las obras de las compresoras -aún de haberlo querido, afirmó, lo impedía la ley de obra pública- que están hoy a solo 39% en Tratayen y apenas 19% en Salliqueló.

El gobierno de Alberto Fernández y CFK, subrayó el funcionario, retomó recién en febrero de 2022 la cuestión del gasoducto, obra que el gobierno de Mauricio Macri había licitado en 2019. Peor aún, siguió Chirillo, la anterior gestión dejó obras impagas por nada menos que USD 142 millones, de las cuales el actual ya pagó USD 80 millones.

“Algunos dicen que por ahorrar USD 40 millones estamos gastando USD 600 millones”, dijo por CFK y Gerez, sin mencionarlos. “No es cierto. No eran USD 40 millones, sino USD 142 millones para terminar la obra; vamos a terminarlas, porque inauguraron algo que no estaba terminado”.

Horas más tarde, probablemente azuzado por el sector de comunicación del gobierno, Chirillo respondió expresamente por la misma red al posteo de CFK en X. La ex primera dama, dos veces presidente y una vez vicepresidente había acusado allí “ideas que no funcionan y funcionarios que tampoco funcionan”, a lo cual el secretario de Energía respondió: “Sra ex Vicepresidente, no falte a la verdad. Recibimos Salliqueló con 19% de avance de obra y 3 meses de demora; y Tratayén al 39% con 5 de demora. Dejaron contratistas desfinanciados y deudas que este gobierno debió asumir. Al final @madorni tiene razón, es hablar con una pared”.

El posteo fue acompañado por dos gráficos sobre la “Curva S” de construcción de las dos compresoras necesarias para que el primer tramo del GPNK funcione a pleno.

En la entrevista radial, Chirillo había, además, asegurado que la urgencia de gas está resuelta con la llegada de un buque metanero de Petrobras contratado sin licitación (por la emergencia de un mayo con temperaturas 10 grados inferiores a las de hace un año, arguyó) y que la provisión durante el invierno se cubrirá con cargas ya contratadas.

Este lunes debería llegar un metanero de Gunvor contratado en 2023 y reprogramado para este año, y en las semanas y meses siguientes 17 de las 20 cargas contratadas en dos licitaciones realizadas en marzo y abril

Además, este lunes debería llegar un metanero de Gunvor contratado en 2023 y reprogramado para este año, y en las semanas y meses siguientes 17 de las 20 cargas contratadas en dos licitaciones realizadas en marzo y abril de este año (Einstoss, del IAE Mosconi y el Observatorio de Tarifas UBA-Conicet, estimó sin embargo que la Argentina necesita entre 40 y 50 cargas anuales).

La cuestión del gas se extiende también a la provisión de electricidad, que en la Argentina depende mayoritariamente de la provisión de aquel fluido. Al respecto, Chirillo fue menos asertivo. Con las tarifas que se están aplicando, explicó, se recompusieron los ingresos del sector lo suficiente como para cubrir las obras de mantenimiento de generadores y transportistas, aunque aclaró que algunos generadores, con precios fijados por la Secretaría de Energía y no por contratos, podrían tener dificultades de mantenimiento.

A su vez, la relación de la gestión mileísta con las generadoras eléctricas quedó dañada por la decisión de Economía de pagar las deudas oficiales con un bono que vence en 2038 y cotiza a la mitad de su valor nominal. Esto significa una quita del 50% que impacta de pleno en los derechos de propiedad y la “seguridad jurídica” que el gobierno dice defender.

En un informe que abarca del 10 al 23 de mayo, Gerold destacó que ese “default” del Gobierno a través de la Compañía del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa) “no tiene aún un argumento sólido”.

El riesgo de sustentabilidad financiera del sistema de gas y electricidad, y de las empresas, aumenta por la novedad que introdujo el Gobierno en su discrecionalidad no explicada (Gerold)

Si bien, precisó, “el monto involucrado es relevante, en nuestra opinión es relativamente acotado frente al invierno próximo. El riesgo de sustentabilidad financiera del sistema de gas y electricidad, y de las empresas, aumenta por la novedad que introdujo el Gobierno en su discrecionalidad no explicada”.

De cara al futuro inmediato, la consultora se preguntó qué hará el Gobierno para el período mayo-septiembre: “¿Aumentará tarifas en pleno invierno? ¿Transferirá y pagará fondos a Cammesa, Enarsa y pagos por Plan Gas.Ar? ¿O no realizará ninguna de estas alternativas?”. Y en tal caso, concluyó, “¿Qué harán las empresas?”.

En uno de sus informes, G&G también alertó que el discurso de CFK de fines de abril, si bien “incluye errores importantes y diagnósticos errados” debería ser tenido en cuenta por el gobierno porque “posiblemente haya sido un punto de partida para potenciales acciones legales contra las adecuaciones tarifarias, que se verá en las próximas semanas. Personalmente consideramos que la extensa alocución sobre energía fue preparada y hecha con algún objetivo”.

Cabe recordar que durante el gobierno de Macri, a través del llamado “caso Cepis” (Centro de Estudios para la Promoción de la Igualdad), el kirchnerismo logró postergar largamente la actualización de tarifas y comprometió las metas fiscales de la gestión macrista.

Mientras tanto, en el sector energético ya advierten: “sería raro no tener más cortes de gas en invierno” y sugieren que sería mejor que la población “esté enterada de la situación”.

Como informó Infobae, para paliar la crisis, la canciller Diana Mondino ya se contactó con su par brasileño, Mauro Vieira. La buena voluntad de Brasil es clave para que limite o desista de sus compras de gas a Bolivia, relación en la que como cliente tiene prelación, para que YPFB, la empresa estatal boliviana, canalice a la Argentina la parte que dejaría de vender a Brasil. Se trata de otro puente dañado por la verba descuidada del presidente argentino, Javier Milei, quien en su campaña electoral calificó a Lula, el presidente brasileño, de “comunista” y “corrupto”.

Mientras tanto, empiezan a llegar a los hogares facturas con aumentos del orden del 450%, que vía precios podrían morigerar la demanda y el eventual faltante de gas.

La guerra y el gas

En 2022, a partir de la invasión rusa y el inicio de la guerra en Ucrania, los países europeos vieron bruscamente recortada la provisión de gas ruso vía gasoductos. El viejo continente asistía entonces al final del invierno boreal y adoptó medidas de emergencia: fuertes aumentos tarifarios, limitación de la iluminación pública y del uso de luminarias privadas y recomendaciones como las de usar ciertos aparatos domésticos, como los lavarropas, en horarios poco convencionales y de baja demanda, como la madrugada.

Además, la Unión Europea coordinó un sistema del llenado lo más veloz posible de las reservas de gas y en los dos años siguientes se erigió una infraestructura de terminales de descarga de GNL, que empezó a importar masivamente de EEUU y países como Australia y Qatar.

Argentina no tiene sin embargo lugares de almacenaje de gas para administrar las oscilaciones de oferta y demanda y responder a emergencias

Fiel a su histórica imprevisión y pese a ser un “país gasífero”, Argentina no tiene lugares de almacenaje de gas para administrar las oscilaciones de oferta y demanda y responder a emergencias.

“Argentina no tiene casi almacenaje, salvo un by-pass entre Naturgy y la red de Metrogas, que es un almacenamiento para administrar presiones”, dijo al respecto Alejandro Einstoss.

El tema, dijo, está contemplado en el proyecto de Ley Bases, a partir del interés de la propia industria. Tener buena capacidad de almacenamiento, dijo, “quitaría el problema del pico y distribución, pero deberíamos tener mecanismos que garanticen que el precio del gas propio, por aumento de la productividad de Vaca Muerta, efectivamente se reduzca”. Según el especialista, si la Argentina empieza a exportar GNL, los precios locales deberían tender a la baja, por una cuestión de escala.

“El almacenamiento te estabiliza el pico, aunque te quita oferta del mercado, sobre todo del gas asociado al petróleo, pero el costo de oportunidad de volverlo a inyectar (en los pozos) es más alto que el de almacenarlo, y ventearlo está prohibido. Si con los años vamos a un mercado sobreofertado de gas, por Vaca Muerta y con una buena infraestructura, el precio del gas debería bajar. Desde todo punto de vista, el almacenamiento es bueno, pero habría que tener recaudos de que los precios internos acompañen las ganancias de productividad”, fundamentó Einstoss. Para almacenamiento de gas, explicó, se suelen readecuar y utilizar minas de sal abandonadas.

Gas, desarrollo y bienestar

Un vistazo a la red mundial de gasoductos y terminales de exportación e importación de GNL sugiere que el uso del gas, combustible clave de la llamada “transición energética”, es un indicador del grado de desarrollo y bienestar de una región o país.

Como puede observarse, la densidad de la red de gasoductos en EEUU, Europa, Canadá y Australia, en la costa de China, en partes de Rusia (gran productor) e incipientemente en la India, contrasta con redes entre inexistentes o raleadas en América Latina, gran parte de Asia y África.

A partir de sus recursos -antes con Loma la Lata, ahora con Vaca Muerta- la Argentina es uno de los países que más desarrolló su red de gasoductos, aunque sigue atada a la imprevisión y los bandazos al tiempo que proyecta convertirse en un gran exportador de gas vía buques metaneros, sistema que en las últimas décadas avanzó hasta globalizarse: ya hay en el mundo 593 terminales de exportación (licuefacción) y 658 de importación (regasificación) de GNL.

Red mundial y “país gasífero”

Según el Global Gas Infrastructure Tracker, con 17.521 kilómetros de gasoductos en operación, la Argentina explica cerca del 1,7% de la longitud mundial de gasoductos, de poco más de un millón de kilómetros. Sin embargo, por longitud de red activa solo está detrás de EEUU (más de 340.249 kilómetros de gasoductos), Europa (223.190), China (122.334), Rusia (113.073), Australia (29.524) e India (19.019), y levemente por encima de México, que tiene 17.472 kilómetros de gasoductos en operación, pero la superaría si lleva adelante los 3.655 kilómetros entre obras en construcción y proyectadas, para abastecerse con gas de EEUU.

Más allá del olor a campaña electoral con que el 9 de julio de 2023 se “inauguró” el GPNK, lo cierto es que los 573 kilómetros entre Tratayen y Salliqueló empalidecen en comparación con la historia previa. La red argentina de gasoductos se inició en 1949, con el caño de gas que unió Comodoro Rivadavia, en Chubut, con Llavallol, Buenos Aires, y tuvo un gran impulso en los 80s, con las obras ya mencionadas del gasoducto Centro-Oeste, la repotenciación del gasoducto norte y los 1.350 kilómetros del Neuba 2, inaugurado en 1988, que permitió, a partir de 1989 la Argentina se autoabastezca y exporte gas.

Una política de gas “regalado” y por ende consumido sin cuidado y con derroche llevó a que en este siglo la Argentina importara el fluido hasta llegar a acumular más de USD 100.000 millones de déficit en su balanza comercial energética

Una política de gas “regalado” y por ende consumido sin cuidado y con derroche llevó a que en este siglo la Argentina importara el fluido hasta llegar a acumular más de USD 100.000 millones de déficit en su balanza comercial energética, pero con una matriz y una infraestructura de país gasífero.

Así, pese a la riqueza y el enorme potencial de Vaca Muerta, una saga de obras inauguradas pero hechas a medias, almacenaje inexistente, cuentas impagas, factores climáticos e imprevisión estatal vuelve a confrontar al país con la insoportable levedad del gas.

 

FUENTE: INFOBAE.

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